Dans la maison, ¿realidad o ficción?

Poster Dans la maison¿Dónde está el punto en el que una historia y la vida real se separan? ¿Qué es cierto o qué no lo es? ¿En qué momento los acontecimientos que creemos ser verdad no son más que una mala jugada de nuestro cerebro? Con En la casa, François Ozon nos hace caminar sobre la cuerda que separa realidad y fantasía durante toda la película, abriendo caminos que nunca se cierran, realidades que, tal vez, solo están en nuestra cabeza.

La historia nos sitúa en un instituto en el que Germain, interpretado por Fabrice Luchini, es un profesor de literatura francesa aborrecido por la mediocridad de sus alumnos. Todo cambia el día que lee la redacción de uno de los alumnos que se sientan al final de la clase, Claude (Ernst Umhauer), en la que realiza una crítica de la familia de clase burguesa, en la casa de la cual se ha colado con la excusa de ayudar al hijo y su compañero de clase, Rafa, a quien interpreta Bastien Ughetto. La redacción intriga al profesor y a su mujer, Jeanne (Kristin Scott Thomas), tanto por la calidad de lo escrito como por el enigmático Continuará… que hay a pie de página.

A partir de este momento, Ozon nos introduce en un laberinto de realidades, en las que el espectador confunde la novela que el joven Claude va escribiendo y la realidad de lo vivido, donde se mezclan los personajes de Claude con las personas reales; lo que narra sobre Rafa y Ester, padres del compañero de Claude, con lo que realmente ocurre. El director consigue enloquecer al público, hacer que quiera saber qué es lo que ocurrirá después, tal y como le ocurre a Germain, pero a la vez no querer saberlo. Aquellos momentos que pueden parecer previsibles, acaban siendo un giro inesperado para el público, desembocando en algo que jamás ha podido esperar. La música, acompañando a la actuación de los personajes, contribuye a esa locura colectiva que une al auditorio y al profesor a la hora de leer los relatos de Claude. Ayuda a la narración a mantener la tensión a lo largo de toda la película, llegando a causar desagrado y rechazo en el espectador.

Con un final acorde con el resto de la película, las incógnitas quedan sin respuesta para el auditorio y abre mil caminos de posibilidades, pero a su vez deja una película redonda, la cual no podría terminar de una forma distinta a la que lo hace. El punto entre la locura y la cordura, el espectador y el voyeur, la realidad y la ficción, es algo que no se puede determinar, Ozon ha hecho un gran trabajo si lo que quería era, simplemente, volvernos locos.

Galardonada en el Festival de San Sebastián con la Concha de Oro a la mejor película y el premio del jurado al mejor guión, Dans la maison invita al público a perderse en realidades paralelas y a ejercitar la mente para intentar desenredar los nudos que se crean.

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