El escritor que no tenía boli

Ni boli, ni capacidad para mantener la atención del público, pero, sobre todo, no tiene “movimiento”. Me gusta utilizar este concepto al que trato de dar sentido con toda mi intención. Cualquier obra audiovisual con “movimiento” es aquella que utiliza todas sus posibilidades, las herramientas con las que cuenta, como pueden ser la imagen, la iluminación, la narración, el diálogo o la música, para mantener al espectador inquieto en su butaca, pendiente de la pantalla, descubriendo cada palabra, cada sonido. La película de Brian Klugman y Lee Sternthal me mantuvo inquieto en mi butaca de cine, pero porque no encontraba la postura adecuada para echarme la siesta, mientras mi acompañante  se obligaba, según me comentó a la salida, a prestar atención, a tratar de no desaprovechar los ocho euros con cincuenta (escalofriante cómo está la cultura desde la subida del IVA) que había invertido en su ocio.

Me gustan las películas que cuentan diversas historias, unas dentro de otras, a modo de muñeca rusa. Jeremy Irons, que hace un papel espléndido, consigue realizar un pequeño paréntesis en el tedio al narrar la anécdota de la elaboración del libro y de su catastrófica pérdida. La articulación de estas historias conectadas no es incorrecta, ya que se entiende a la perfección todo aquello que acontece. Pero el diseño y la dirección de los actores, que debían mantener el barco narrativo a flote, me resulta pésimo.

No me creo la relación entre el protagonista, Rory Jansen, y su padre: se muestra al escritor frente a su progenitor como un jovenzuelo lleno de sueños que no se da cuenta de que comienza a hacerse mayor y debe trabajar en algo serio, cuando el actor que lo interpreta, Bradley Cooper, ¡en enero cumplirá 38 años! (lo grave es que ni siquiera lo justifican). No me creo la relación de Rory con su esposa Dora: no se sostiene el amor incondicional que se profesan, ni tampoco las reacciones de ella durante sus discusiones. No me creo que el guionista pensara que nadie se daría cuenta desde el principio de que Dennis Quaid era Rory de joven. En general, no me creo esta película que narra el rápido ascenso al éxito de un escritor después de publicar un libro que no había escrito y que encontró en un bolso. ¿Soy solo yo o esta historia se parece mucho a un capítulo de Los Simpson?

El ladrón de palabras. Narra la historia de un escritor fracasado que tiene la fortuna de encontrar un manuscrito, lo publica como suyo y obtiene un éxito espectacular que lo encumbra como uno de los mejores escritores de su tiempo. Pronto se descubre que el autor de ese manuscrito es un anciano que lo escribió durante su juventud, cuando estuvo destinado en París tras la Segunda Guerra Mundial. Allí encontró al amor de su vida.

Fuente: hoycinema.com

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