Halloween y su efecto ‘boomerang’

Los jóvenes españoles combinan su “pasión” por el alcohol y la fiesta norcturna con los disfraces de terror. Fuente: blog.es.qustodian.com

No me gustaría encontrarme en la piel de una persona de 75 años que hoy a primera hora se haya arrancado con una tourné por todos aquellos cementerios de su comarca en los que descansen los restos de sus seres queridos con ocasión del Día de todos los Santos. Debe ser extraño e incluso insultante para él que durante su recorrido, bastón y ramo de flores en mano, con destino a campo santo se haya encontrado por la calle con jóvenes etílicos o ya durmiendo la mona, vestidos de vampiro, hombre-lobo, niña del exosrcista o de cualquier personaje cinematogràfico en su variante zombie. El hecho es que Halloween y toda su ola comercial “made in USA” se han instaurado en España de manera previsible. Si consiguieron que cambiáramos (o combináramos) a los Reyes Magos por Papá Noel, el Belén del recibidor de casa por el árbol de navidad recargadamente hortera o el “Campana sobre campana” por el “Jingle Bells”, era de esperar que en pocos años encontráramos tras nuestra puerta niños disfrazados con bolsas del Mercadona negociando con el “truco o trato” yanqui.

Eso sí, nosotros, los jóvenes, debíamos ir más allá y combinar nuestra afición por las melopeas y las fiestas hasta el amanecer con las tradiciones importadas y las propias (no es raro ya encontrar adolescentes andaluces tocados de Jack Daniel’s cantando saetas a la Virgen de la Macarena en plena Semana Santa). Lo cierto es que los españoles somos blancos perfectos para la adopción de costumbres y fiestas manejadas por las grandes potencias y por el consumismo. En el mes de octubre, las grandes superficies de comercio y las tiendas de complementos de fiesta se frotan las manos con las compras de disfraces, máscaras, pinturas y sangre artificial para una noche de Halloween ideal. Nos gastamos decenas de euros en ropa “de papel” y materiales (ojo con los productos tóxicos y de alta peligrosidad que se ofrecen en tiendas poco especializadas) que van a acabar en los cubos de basura al día siguiente en una época en la que cada vez más personas acuden a ellos para poder sobrevivir. Da qué pensar.

La festividad de Halloween se ha importado a Europa en su variante más consumista. Fuente: http://www.fondosni.com

Pero esto de la importación de ocio pseudocultural no sucede solo aquí, ya que la calabaza de Halloween se ha trasladado tanto al resto de países europeos como a otros latinoamericanos como Colombia, Venezuela o México, donde se combinan los disfraces con las visitas y cenas nocturnas casi “de ultratumba”en sus cementerios centenarios. Es curiosa además una fiesta como la de Halloween en la que se produce el efecto “boomerang” o de rebote, ya que, al igual que pasa con la Navidad anglosajona, la del 31 de octubre también tiene un origen europeo, en concreto irlandés, que se remonta a la celebración de Samhain, en la que hace más de 2.500 años festejaban el fin del verano y del año celta. Nace en Europa, viaja hasta Estados Unidos y alrededores y regresa al continente de partida hecho todo un gentleman, con american accent y con toda una serie de matices capitalistas. Qué vueltas da la vida.

David Casas, Noemí Llácer y Raquel Pérez

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